viernes, 28 de febrero de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
PONLE LOS SIGNOS QUE QUIERAS
Canta con cuidado, Musa indiferente,
que tus notas hieren mi recuerdo.
¿Sabes qué?, existes en el dolor de mi alma,
y desde allí lo que digas tiene eco a mi infinito.
Como un deseo líquido te deslizas con tibieza,
pero dejas huellas indelebles y profundas.
Me quieres mirar con sueños íntimos,
pero sabes que te nombro de frente al viento.
Me anuncias como aquel, igual a todos,
y dices que me burlo de tu duelo.
Te digo que yo nunca te profano,
y que sólo esbozo letras tristes.
No hago nada, sólo escribo.
¿Escribir es hacer nada? me preguntas...
Y me quedo callado y suspirando,
Y dices que no fuiste tú la que hizo el daño.
De nada valen los lamentos, querida Muerte,
si son sólo pobres lastimeros gritos.
De nada sirven los tormentos, Inspiración mancillada,
si se presentan como los embustes más sinceros.
“¡Cállate!” me dices, con angustia soberana,
“que te pareces a lo que más odio”,
Y yo huyo con mi sensación de pérdida,
pues sólo soy lo que un día hundiste.
Ha pasado tanto tiempo, que el siguiente segundo tiembla,
y el blanco techo nos espera sereno.
Cuando vuelvas, apreciada Señora,
tráeme un manto nuevo y tápame de tu silencio.
¡Huye mientras puedas! angustiada Diosa,
Lávate de mi olvido, provocado por ti,
que la única manera de saber que existes
es teniéndote presente como la sombra de mi sombra.
Por fin puedo explicarte por qué te dije, Aquí y Ahora.
Si me llevas en tus piernas infinitas,
que no quede rastro del camino,
Si me dejas con tu ausencia permanente,
entonces,
Atente a lo que escribo.
que tus notas hieren mi recuerdo.
¿Sabes qué?, existes en el dolor de mi alma,
y desde allí lo que digas tiene eco a mi infinito.
Como un deseo líquido te deslizas con tibieza,
pero dejas huellas indelebles y profundas.
Me quieres mirar con sueños íntimos,
pero sabes que te nombro de frente al viento.
Me anuncias como aquel, igual a todos,
y dices que me burlo de tu duelo.
Te digo que yo nunca te profano,
y que sólo esbozo letras tristes.
No hago nada, sólo escribo.
¿Escribir es hacer nada? me preguntas...
Y me quedo callado y suspirando,
Y dices que no fuiste tú la que hizo el daño.
De nada valen los lamentos, querida Muerte,
si son sólo pobres lastimeros gritos.
De nada sirven los tormentos, Inspiración mancillada,
si se presentan como los embustes más sinceros.
“¡Cállate!” me dices, con angustia soberana,
“que te pareces a lo que más odio”,
Y yo huyo con mi sensación de pérdida,
pues sólo soy lo que un día hundiste.
Ha pasado tanto tiempo, que el siguiente segundo tiembla,
y el blanco techo nos espera sereno.
Cuando vuelvas, apreciada Señora,
tráeme un manto nuevo y tápame de tu silencio.
¡Huye mientras puedas! angustiada Diosa,
Lávate de mi olvido, provocado por ti,
que la única manera de saber que existes
es teniéndote presente como la sombra de mi sombra.
Por fin puedo explicarte por qué te dije, Aquí y Ahora.
Si me llevas en tus piernas infinitas,
que no quede rastro del camino,
Si me dejas con tu ausencia permanente,
entonces,
Atente a lo que escribo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)